Conoce más sobre los problemas neurológicos de los recién nacidos

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En los primeros días de la vida de un bebé, la vida es una mezcla de emoción y también de vértigo. Se vive entre las tomas, los pañales y las noches cortas, además de una preocupación que es silenciosa y en la que se desea que todo vaya bien de salud y que el desarrollo neurológico sea el adecuado. Los problemas neurológicos del recién nacido no son habituales, pero cuando aparecen generan bastantes dudas y miedos en las familias.

¿Qué son los problemas neurológicos en recién nacidos?

Como nos confirman los expertos de Fundación Nene, las problemáticas de este tipo son las alteraciones que afectan al cerebro, a la médula espinal o al sistema nervioso en general. Estos pueden ser congénitos (presentes antes de nacer) o aparecer por las complicaciones que se producen durante el parto o al poco tiempo de nacer.

Todos los problemas no tienen la misma importancia ni las mismas consecuencias. Existen situaciones de carácter transitorio, que se solucionan con el paso del tiempo y la ayuda adecuada, y otras que precisan un seguimiento prolongado y el apoyo de equipos de neurodesarrollo.

Factores de riesgo: cuándo se vigila con más atención

Pese a que cualquier bebé puede tener problemas neurológicos, existen algunos factores que aumentan los riesgos y que hacen que los equipos sanitarios estén muy atentos:

Prematuridad

Cuando se nace antes de las 37 semanas, el sistema nervioso tiene más inmadurez y vulnerabilidad.

Partos complicados

  • Son situaciones en las que es posible que el bebé haya recibido menos oxígeno del necesario o que sufra traumatismos.
  • Embarazos con infecciones o consumos de drogas
  • Esto puede que acabe por afectar al desarrollo del cerebro.
  • Malformaciones que se detecten durante el embarazo

Aquí se suele hablar del “recién nacido de riesgo neurológico”, lo que significa que se programan una serie de controles más exhaustivos para que se pueda detectar cualquier tipo de alteración cuanto antes.

Signos de alarma que ven los profesionales… y los padres

Hay que tener en cuenta que la exploración neurológica del recién nacido es parte de los controles en la maternidad y también en las primeras revisiones pediátricas. El equipo sanitario observa una serie de aspectos como el tono muscular, los movimientos espontáneos, la capacidad para la succión, el llanto o la respuesta a estímulos.

¿Qué signos pueden hacer que salten las alarmas?

  • Cuando tenemos poco tono, que parece que no se sostienen bien las extremidades (Hipotonía).
  • Movimientos bastante rígidos o patrones extensores que sean bastante marcados; al contrario, bastante tónicos.
  • Problemas para despertarse o estar despierto unos segundos cuando se le estimule.
  • Llantos muy agudos, complicados de consolar y que aparecen ante los estímulos mínimos.
  • Succión débil o mal coordinada, que hace que la alimentación oral sea bastante complicada.
  • Convulsiones o que se produzcan movimientos anómalos repetitivos, bruscos, que no encajen con los sobresaltos normales.

Lo cierto es que desde su propia casa, los padres es posible que noten algunos detalles que les pueden inquietar: un bebé que no parece nunca “alerta”, que casi no se mueve, o que se sobresalta de forma exagerada, ante cualquier tipo de ruido o contacto.

Siempre que haya dudas, merece la pena consultarlo; nadie espera que la familia sea una experta, pero su mirada en el día a día es de lo más valiosa.

Problemas más frecuentes: una visión general

Hay que tener claro que los problemas neurológicos que pueden aparecer en los bebés son los siguientes:

Hemorragias intraventriculares

Son unos pequeños sangrados dentro o alrededor de los ventrículos cerebrales, que son más habituales en los bebés que son muy prematuros.

Leucomalacia periventricular

Daños en las sustancias blancas del cerebro, lo cual está asociado bastantes veces a la prematuridad.

Encefalopatías neonatales

Se producen por falta de oxígeno durante el parto, que es posible que afecten de manera variable al funcionamiento posterior.

Malformaciones del tubo neural (como espina bífida)

Esto repercute en la médula espinal, lo que se puede asociar a problemas a nivel motor y de sensibilidad.

No hace falta que las familias vayan a memorizar estos nombres. Lo más importante es saber que hay cuadros que se vigilan de cerca y que, con los cuidados neonatales que hay ahora, los bebés que tienen este tipo de problemas pueden recibir atención especializada desde un principio.

Convulsiones en el recién nacido: por qué se toman tan en serio

Este problema son una serie de señales de gran claridad que nos demuestran que algo no va bien en lo neurológico. Se pueden manifestar como movimientos rítmicos de extremidades, cambios bruscos en la mirada, sacudidas repetidas o alteraciones en la respiración y en el color de la piel.

Lo que preocupa a los equipos médicos no es solamente el episodio en sí, también lo que puede esconderse detrás de ello: hemorragias, infecciones del sistema nervioso central, problemas metabólicos o falta de oxígeno. Esto hace que, cuando hay convulsiones, se hagan pruebas más específicas y se comience el tratamiento lo antes que sea posible.

Lo bueno de todo esto es que los cuidados intensivos en los neonatales han mejorado bastante en cuanto a su pronóstico en estas últimas décadas. Hay una menor mortalidad y muchos bebés pueden acabar saliendo adelante con los apoyos necesarios.

Seguimiento de los recién nacidos de riesgo neurológico

Si se detecta que un bebé tuvo un problema neurológico o pertenece a un grupo de riesgo, no se cierra el tema cuando sale del hospital. Lo que ocurre es que se planifica un seguimiento en concreto:

  • Revisiones periódicas del desarrollo motor
  • Evaluación del desarrollo cognitivo y del lenguaje según va creciendo.
  • Valoración del entorno familiar y social, de tal forma que se faciliten los apoyos en el caso de que sea necesario.

Se busca poder detectar cualquier clase de desviación de forma temprana y que se ofrezca una intervención precoz, que puede mejorar mucho el pronóstico en bastantes casos.

Qué pueden hacer las familias: estar, observar, preguntar

Si lo que queremos es dar un paso más y saber cómo lo vive la familia, lo cierto es que la sensación puede tener una gran vulnerabilidad: muchos de los padres no cuentan con formación sanitaria y se van a enfrentar a términos desconocidos. De todas formas, existen varias cosas que sí que están en su mano:

  • Seguir con las revisiones pediátricas y acudir a las citas en las que se hace seguimiento cuando son programadas.
  • Compartir con los profesionales cualquier clase de preocupación sobre el comportamiento de los bebés: si están desconectados, no responden como se espera o se mueven de manera desigual.
  • Preguntar hasta entender: qué es lo que significa un diagnóstico, qué pruebas son las que se han realizado y qué se espera que suceda en los siguientes meses.
  • No hay preguntas que estén de más: entender la situación es de gran ayuda para reducir el miedo y que se puedan tomar decisiones debidamente informadas sobre apoyos y tratamientos.

Salud neurológica y entorno: estimulación sin sobrecarga

En el caso de aquellos bebés que hayan tenido alguna serie de problemas, pero de la misma manera, también para los que no, lo que ocurre es que el entorno llega a jugar un papel importante en cuanto al desarrollo neurológico. No hablamos de que se apliquen programas complicados, sino de que se ofrezca un contexto seguro y rico.

Por ejemplo, el contacto piel con piel, la voz tranquila, las caricias y demás es algo que ayuda a que se regulen y generen determinados vínculos.

Existen rutinas de sueño y alimentación que, progresivamente, le proporcionan mayor previsibilidad al bebé.

Debe haber espacios en los que se pueda mover con una libertad adaptada a su edad, sin que tenga que estar contenido en dispositivos.

En los bebés en riesgo, los equipos de atención temprana lo que acostumbran es a orientar a las familias sobre la clase de estimulación que es más adecuada en cada momento, de tal forma que se apoye al desarrollo sin que se generen sobrecargas.

Una mirada al futuro sin negar el presente

Cuando se habla de problemas neurológicos del recién nacido, hay que saber que todo ello implica reconocer que son una serie de situaciones complicadas, las cuales pueden hacer que cambie el imaginario que la familia tenga sobre la llegada del bebé.

A la vez, ello implica que se señale que el panorama lo que ha hecho es cambiar mucho: hoy se sabe más, se diagnostica mejor y se ofrecen más apoyos que hasta hace unas pocas décadas.

Todos los pronósticos no son iguales. Existen casos en los que el niño puede acabar alcanzando un desarrollo próximo al que se espera, y otros en los que es posible que queden una serie de secuelas de gran importancia.

En todos ellos, el que se acompañe a la familia, se dé una información clara y haya una serie de recursos que sea tan importante como cualquier prueba médica.

En la vida diaria, el cuidado de un recién nacido con riesgo neurológico es, especialmente, cuidar a un bebé, que sus necesidades básicas queden cubiertas, darle afecto, seguir lo que dice el médico y buscar redes de apoyo.

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