Los eventos, sobre todo si acuden MUCHAS personas, pueden llegar a ser peligrosos. Pueden haber robos, peleas, y cosas todavía peores que no quiero ni nombrar para no tener que imaginármelo. Por eso, cada vez más eventos añaden ciertas medidas de seguridad, para evitar que estas cosas sigan sucediendo y cortar el problema de raíz.
Hoy, te ofrezco algunas soluciones para implantarlas si estás pensando hacer algún tipo de evento.
Los problemas más comunes en los grandes eventos
En los grandes eventos no es raro que pasen cosas feas, y muchas veces la gente se queda pensando que eso “No va a pasar aquí”. Pues pasa, y bastante. Por ejemplo, los robos son algo súper frecuente. Hay estadísticas que dicen que en festivales con más de 10.000 personas, hasta un 5% sufre algún tipo de hurto. Eso puede ser desde un bolso hasta el teléfono, y cuando pasa, se arruina todo.
Pero no son solo los robos, también hay peleas que no tienen sentido. Me refiero a esa gente que se pelea porque alguien les empuja, o por temas de intolerancia. En algunos eventos grandes han reportado que las peleas homofóbicas o racistas ocurren cada vez más, y muchas veces la seguridad no se da cuenta hasta que ya es demasiado tarde. No quiero ni empezar a hablar de agresiones sexuales, pero lamentablemente también ocurren, y son un motivo más que suficiente para plantearse medidas de seguridad serias.
Por eso, no sirve con poner solo un par de guardias en la entrada y ya está, hay que tener un plan real: saber qué zonas son más conflictivas, prever robos, peleas y accidentes, y actuar antes de que pasen. No vale improvisar.
Y, además, la gente también tiene que ser consciente de su responsabilidad. No estoy hablando de controlarlo todo, pero sí de reducir el riesgo al máximo. Los eventos grandes pueden ser divertidos, sí, pero también un caos si no se hace nada para controlarlo.
Contratar seguridad y colocarla en sitios estratégicos
Lo primero que me parece básico es contratar seguridad profesional y colocarla de forma coherente y estratégica. No sirve con poner a alguien que solo se ve fuerte, necesitas gente que sepa cómo reaccionar, cómo controlar multitudes y cómo evitar que las cosas se salgan de control. Por ejemplo, siempre es bueno colocar guardias en las entradas, porque ahí es donde se concentran la mayoría de los robos y discusiones. Si no hay nadie mirando, alguien puede colar cosas que no debería o meterse con otra persona sin consecuencias.
Luego hay que pensar en las zonas internas. Es necesario poner seguridad en sitios donde la gente se agrupa mucho, como cerca del escenario, los baños o las zonas de comida. Ahí es donde se acumula la tensión, la gente se empuja y a veces surgen peleas tontas. Tener un par de personas vigilando y listas para separar situaciones hace que todo sea más seguro.
Además, opino que la seguridad debe ser visible, pero no intimidante. La idea es que la gente se sienta protegida y que los problemas se eviten antes de que empiecen. No es lo mismo que un agresor vea a un segurata en la entrada de la discoteca y que sienta que puede hacer lo que quiera, porque no lo van a ver, a descubrir que hay seguridad en cada acceso y en cada multitud. Ahí, se corta y se echa para atrás.
Y, por último, hay que entrenarlos en cómo tratar a la gente: no se trata solo de fuerza física, sino de comunicación, paciencia y saber cuándo intervenir y cuándo llamar refuerzos.
Implantar taquillas buenas (y vigilarlas -o videovigilarlas-) para que los robos cesen
Las taquillas son super útiles para que la gente deje sus cosas de valor y no tenga que cargar con todo encima. Desde Taquicel, empresa que ofrece alquiler de taquillas para eventos, nos explican que la mayoría de los robos en festivales ocurre porque la gente deja sus bolsos o mochilas desatendidas, pero con taquillas esto no pasaría, porque si se meten en taquillas seguras, se reduce muchísimo los hurtos y hace que además la gente se sienta más tranquila.
Pero ojo, también hay que vigilarlas, ya sea con personal propio o cámaras. No es raro que alguien intente abrir una taquilla ajena si cree que no hay nadie mirando. Es necesario poner cámaras y personal que lo revise todo cada cierto tiempo. También sería recomendable que cada taquilla tuviese un código personal o un sistema de llave individual, para que no sea fácil abrirlas por accidente o a propósito.
Además, hay que informar bien a la gente sobre su uso. Nada de “Las dejamos ahí y punto”. Hay que explicar cómo funcionan, advertir que no dejen objetos extremadamente valiosos y mantener un registro de quién usa cada taquilla.
La seguridad empieza por la organización, y estas cosas, aunque parezcan pequeñas, marcan la diferencia.
Controlar el acceso y las entradas
Otra idea es tener un control de acceso fuerte. Esto no es solo revisar entradas, sino también hacer filtros en los puntos clave. Por ejemplo, limitar la cantidad de gente en ciertas zonas, revisar mochilas y bolsos, y asegurarte de que no entren objetos peligrosos. Eso evita muchos problemas desde el principio.
Además, recomiendo organizar las entradas por grupos. Sería bueno evitar que todos lleguen al mismo tiempo, porque ahí es cuando se forman empujones y discusiones tontas. Si puedes escalonar la entrada, todo fluye mejor y la gente se siente más segura. También ayuda a que la seguridad pueda atender cualquier situación sin caos.
Otro detalle importante es identificar las zonas de salida y emergencia. La gente debe saber hacia dónde ir si pasa algo y no tener que empujarse entre la multitud. Esto puede parecer obvio, pero en muchos eventos grandes la gente se bloquea cuando algo sale mal, y ahí es cuando ocurren accidentes.
Iluminación y señalización claras
Tener zonas bien iluminadas reduce los robos y accidentes, porque pueden verse más a simple vista. Además, así la gente se siente más segura y es más fácil que la seguridad vea si pasa algo raro. Te aconsejo que pongas luces suficientes en entradas, salidas, baños y zonas de comida.
También es fundamental señalizar todo claramente. No hay nada peor que tener a gente alterada en medio de un embrollo y que se sienta perdida, caminando por lugares restringidos o entrando en zonas que no debe. Con señales claras, te evitas conflictos y también ayudas a la seguridad a controlar el flujo de personas. Esto incluye salidas de emergencia, baños, primeros auxilios y cualquier otra área crítica.
Si todo está bien iluminado y señalizado, la gente tiende a comportarse mejor.
Primeros auxilios y asistencia médica
Es súper importante tener a alguien capacitado listo para cualquier problema de salud. Siempre hay alguien que se corta, se desmaya o se siente mal, y si no hay nadie que lo ayude, todo se complica. Por eso hay que tener un puesto de primeros auxilios fácil de encontrar, con gente que sepa cómo actuar rápido.
La ubicación tiene que ser clara, hay que decirle a la gente exactamente dónde ir: “Si te pasa algo, ven aquí”. Así todo se hace más rápido y nadie se pierde. Además, tener una ambulancia (o varias) cerca o un acuerdo con un hospital ayuda mucho si pasa algo serio.
También el personal y los voluntarios del evento tienen que saber cómo actuar. No hace falta que sean médicos, pero sí pueden ayudar a mantener la calma, avisar a los responsables y guiar a la gente hacia el puesto de asistencia. Eso hace que las cosas no se salgan de control y que los problemas pequeños no se vuelvan grandes.
Tener esto organizado hace que todos se sientan más tranquilos y seguros, y evita que alguien entre en pánico. Así el evento puede seguir siendo divertido sin riesgos innecesarios.
Control del alcohol y sustancias
La gente que se emborracha se pone agresiva o hace cosas sin pensar, y eso crea problemas. Por eso hay que controlar cuánto se vende y asegurarse de que nadie pase los límites ni venda alcohol ilegal.
Lo mismo pasa con las drogas. Esto es más difícil de controlar, pero se pueden poner puntos de seguridad donde se vea bien qué está pasando y avisar a la gente que consumir ciertas cosas puede tener consecuencias serias. Esto no es para arruinar la diversión, de verdad que no, sino para que nadie termine lastimado y todo siga bajo control.
Otra idea que funciona súper bien es tener zonas de hidratación. Ahí la gente puede descansar, tomar agua y calmarse si se siente mal o demasiado alterada. Esto ayuda a evitar peleas tontas y accidentes por exceso de alcohol o drogas.
En general, la seguridad también significa cuidar que nadie se haga daño a sí mismo ni a los demás. Estas medidas son fáciles de implementar y marcan una gran diferencia.
Preparar protocolos de emergencia
Hay que tener protocolos claros para cualquier emergencia: evacuaciones por incendio, peleas grandes, accidentes o cualquier situación que pueda poner en riesgo a los asistentes. Todo el personal del evento debe conocerlos y, si se puede, ensayarlos antes.
Un consejo que te doy es que hagas listas con las responsabilidades de cada trabajador y cómo se va a comunicar con los demás. Esto incluye seguridad, primeros auxilios, organizadores y voluntarios. Si todos saben su rol, manejar los problemas es mucho más fácil y rápido. También es importante señalizar bien las rutas de emergencia, así la gente sabe por dónde salir sin que nadie tenga que gritar ni entrar en pánico.
Los protocolos no son solo para grandes catástrofes, también ayudan a controlar situaciones pequeñas antes de que se salgan de control. Por ejemplo, si hay un altercado entre dos personas, saber cómo separarlas y manejarlo evita que otros se involucren y que todo se vuelva un caos.
Si cuentas con protocolos claros, todo es más seguro y la gente se siente más tranquila. Cuando todos saben qué hacer, incluso los problemas inesperados se pueden manejar sin estrés. Esto hace que el evento sea más divertido y menos arriesgado para todos.
El respeto es básico y la tolerancia debería ser obligatoria
Basta ya de peleas tontas, de agresiones por racismo, homofobia o cualquier gilipollez. Que alguien crea que puede acosar, insultar o atacar a otra persona porque “es un festival” o “está de fiesta” es inaceptable. Esto no es diversión, es violencia y deja secuelas reales.
Es impresionante lo normalizado que está que la gente se meta con otros. Cada insulto, cada empujón o cada pelea crea miedo, inseguridad y, en algunos casos, acaba en tragedia. Las muertes por racismo, homofobia o violencia absurda en eventos no deberían ocurrir, y sin embargo pasan demasiado a menudo.
La tolerancia tiene que ser real. Dejar las peleas en casa es lo mínimo que se puede pedir. Nadie tiene derecho a arruinar la experiencia de otros por su odio, ignorancia o ganas de sobresalir. Que se repita una agresión porque “no pasó nada” es permitir que la violencia continúe y se normalice.
Si un evento quiere ser seguro y divertido, tiene que ser un lugar donde el respeto sea la regla, no la excepción. No se trata de controlar a la gente ni de arruinar la fiesta, sino de que cada persona pueda estar tranquila y nadie tenga que temer por su seguridad o por su vida.
La falta de respeto es el motivo por el que los eventos terminan mal. Basta de excusas, basta de muertes por gilipolleces.
La gente tiene que entender que nadie está por encima de los demás.
Es hora de evolucionar como humanos y como sociedad
La violencia, los robos y el acoso no desaparecen solos. Tenemos que ser responsables y educar, porque si no, nada de lo anterior sirve de mucho.
El respeto, la empatía y la prevención son responsabilidad de cada uno. No vale culpar solo a los organizadores, la seguridad se logra cuando todos colaboramos y no permitimos que se normalicen peleas, robos o acoso.
También hay que evolucionar en cómo consumimos diversión. No podemos esperar que todo se arregle con guardias o cámaras si seguimos tolerando comportamientos peligrosos o violentos. La prevención empieza en cada persona, y eso hace que los eventos sean realmente seguros y agradables para todos.
Si quieres pasarlo bien, empieza por portarte bien
No todo se arregla con guardias, cámaras o taquillas: tu respeto hacia los demás es lo primero.
Si cada persona entiende que no puede acosar, insultar ni pelear, los eventos serían mucho más seguros y divertidos. No habría tantas agresiones si la gente no se quedara quieta viendo cómo pasa.
Actúa, aunque sea yendo a pedir ayuda o llamando a emergencias.
No esperes a que alguien más lo haga.